lunes, 12 de septiembre de 2011

«No hay razón para sufrir. La única razón por la que sufres es porque así tú lo exiges. Si observas tu vida encontrarás muchas excusas para sufrir, pero ninguna razón válida. Lo mismo es aplicable a la felicidad.
La única razón por la que eres feliz es porque tú decides ser feliz. La felicidad es una elección, como también lo es el sufrimiento».


Dr. Miguel Ruiz

sábado, 13 de agosto de 2011

Ontologia del Lenguaje - Rafael Echeverría

La libertad, en el sentido mas profundo, no es una condición jurídica, sino una condición del alma humana.

El concebir al ser humano en tanto artista que hace de su vida su gran obra de arte, nos lleva a hacer algunas consideraciones adicionales.

La primera de ellas, guarda relación con abrir espacio a las fuerzas destructivas que acompañan toda creación. Si aceptamos la creación, tenemos también que aceptar la destrucción. Como nos enseña Heráclito, no hay una sin la otra. No podemos trascendernos y alcanzar otras formas de ser, sin dejar de ser quienes fuimos, sin abandonar nuestras formas anteriores de ser. Y ello resulta en un desafío crucial en la vida. Para trascendernos debemos estar dispuestos a sacrificar nuestras formas presentes de ser. No hay trascendencia sin sacrificio, sin estar dispuestos a soltar aquello que pareciera sujetarnos, sin antes haber encontrado un nuevo punto de apoyo.

Quien no pueda desprenderse de si mismo, restringe sus posibilidades de trascendencia. Toda trascendencia, por lo tanto, se nos presenta como un salto al vacío, como un sumergirse en la nada, en el principio de disolución del ser que somos, para, desde allí, volver a emerger en las aguas de la vida. El camino del poder y, por consiguiente, de la creación, es el camino del riesgo, de la vida como apuesta.

Optar por el camino del poder implica, en consecuencia, asegurar las condiciones emocionales que resultan necesarias para permitir tanto la creación como la destrucción, aspectos ambos inseparables de la dinámica de la auto trascendencia. Ello implica vencer lo que Nietzsche llamaba “el espíritu de la gravedad”. Este nos ata a las formas existentes de ser, introduce pesadez en nuestro desplazamiento por la vida y nos impide despegar en nuestro salto al vacío.

El espíritu de la gravedad debe ser vencido con las fuerzas opuestas: aquellas que surgen de la inocencia del juego. Apoyándose en imágenes proporcionadas por Heráclito, Nietzsche identifica esta capacidad creativa con la figura del niño: aquel que construye castillos de arena en la playa para verlos enseguida destruidos por las olas y vuelve a construir otros nuevos. El niño es, para Nietzsche, la figura predilecta de las formas superiores del poder, pues nos muestra un poder que se despliega de la inocencia del juego, desde la ausencia de gravedad.

A esta imagen del poder del niño, Nietzsche opone dos formas distintas, importantes, pero también inferiores del poder. La imagen de la bestia de carga que ilustra con la figura del camello. Y la imagen de las bestias de presa que responde a la figura del león. El camello se caracteriza por su resistencia, por su capacidad de absolver adversidades, por su capacidad de llevar a otros sobre sus espaldas. Es una forma de poder que no puede ser despreciada. Muchas veces en la vida tendremos que recurrir al poder del camello. El león, por el contrario, es quien se rebela, quien afirma su propio poder frente a los demás, quien declara la inviolabilidad de su territorio. La vida también nos exige muchas veces ser leones.

Pero ni el camello, ni el león, tienen el poder de quien, como el niño, crea desde la inocencia del juego. No hay otra forma superior de poder a la de este. Desde la figura del niño, podemos comprobar cuanto nos hemos alejado de nuestra concepción tradicional del poder, y cuan distantes estamos del juicio de que el poder es maligno y fuente de corrupción

viernes, 22 de julio de 2011

Rent - Seasons Of Love (musical)




QUINIENTOS VEINTICINCOMIL SEISCIENTOS MINUTOS,
QUINIENTAS VEINTICINCO MIL LAS HORAS DE PAZ,
QUINIENTOS VEINTICINCOMIL SEISCIENTOS MINUTOS,
COMO PODRÍAS UN AÑO MEDIR.
EN DÍAS, EN NOCHES, EN TARDES O DESAYUNOS,
EN METROS, DOLOR, SONRISA, PLACER.
EN, QUINIENTOS VEINTICINCOMIL SEISCIENTOS MINUTOS,
TU COMO MIDES UN AÑO MAS.

HAZLO EN AMOR, HAZLO EN AMOR, HAZLO EN AMOR,
VIVE EN AMOOR...

TIEMPOS DE AMOR, TIEMPOS DE AMOR.

QUINIENTOS VEINTICINCOMIL SEISCIENTOS MINUTOS,
QUINIENTOS VEINTICINCOMIL PLANES QUE HACER,
QUINIENTOS VEINTICINCOMIL SEISCIENTOS MINUTOS,
DI COMO MEDIMOS LA VIDA DE UN HOMBRE O UNA MUJER,

EN LO QUE APRENDIÓ
O EN CUANDO LLORÓ
EN LO QUE OLVIDÓ
O EN COMO MURIÓ.

CANTEMOS, UNIDOS, ESTA RUEDA NO SE ACABA YA CELEBRAR UN AÑO EN LA VIDA DE ESTA AMISTAD.
RECUERDA EL AMOR, RECUERDA EL AMOR
RECUERDA EL AMOR

VIVE EN AMOOR...

TIEMPOS DE AMOR,

TIEMPOS DE AMOOR...

viernes, 17 de junio de 2011

Papa - Christina Aguilera - hurt

A UN PADRE AUSENTE - desconozco el autor

Hombre que simboliza un faro que esparce su luz desde el acantilado de la vida, con el firme compromiso de orientar el rumbo de las barcas que son sus hijos; sostén y firmeza amorosa para la esposa a la que considera una playa tranquila, donde resguarda en la arena dorada de su vida el cofre de tesoros propiedad de su familia; cirio perpetuo que se gasta diariamente al alumbrar las tinieblas que amenazan confundir los amaneceres de su grey amada; un libro de evangelios, donde se mezclan el honor y la sabiduría; hombre a imagen y semejanza de un sol que, esplendoroso brilla en los días nublados que pintan de tristeza en ocasiones la mustia soledad de nuestro rostro.

Y así, como pude pincelar el hermoso lienzo de una madre, hoy, la vida me reclama enmarcar la imagen de un padre, al que veo como el crisol donde se forma un carácter, un destino, un compromiso.

PADRE..., compañero de mis años infantes, la página donde encuentro integridad y fortaleza; amigo de siempre nacido de mi alma. Así te contemplo en mi acuarela humana.

PADRE..., la mano firme que labró mis pasos; el abrazo fraterno que me dio confianza; la risa amorosa que sirvió de base para creer por siempre en virtudes tantas.

PADRE..., recuerdos cercanos al sentir tus manos cuando se enlazaron con las mías, y juntos tomamos senderos de luz donde me ofreciste ver nacer el sol.

PADRE..., la palabra firme que marcó los rumbos, el noble cincel que labró en la piedra de mi vida misma, el rostro y la imagen de amor y de justicia.

PADRE..., fulgor de luz dorada que se filtró en mi infancia para alumbrar el mundo de tantas fantasías.

PADRE..., mi compañero fiel en noches vagabundas donde hicimos cautivos a errantes luceros, colgando en mi pecho una luna de plata.

Así te recuerdo, como una muralla protegiendo mi vida, como un poema dorado de amor, como marino viviendo tormentas y llevando mi barca a puertos tranquilos.

PADRE..., ejemplo viviente de bondades tantas; holocausto diario ofrecido a Dios; el molde mundano donde quiso Dios configurar a un hombre y nombrarlo: PADRE.

Hoy voy a ofrecer mi profunda admiración por tu grandeza, mi rostro humedecido por tu ausencia; mis manos temblorosas que te buscan para estrechar las tuyas, para besar tu rostro y revivir tu tiempo.

Hoy, voy a regresar el libro de mi vida, para poder sentirte presente aún estando muerto, para que pueda beber la luz de tu alma que me ofreciste antes de internarte en los silentes jardines de Dios.

Como hijo, te refrendo mi cariño; como padre, te considero mi evangelio; como hombre yo presiento que no has muerto porque vives en la plenitud de mis recuerdos.

Me enseñaste a caminar por los senderos claros y verticales y reclamaste corrección de rumbos equivocados cuando la brújula de tu conciencia marcaba escollos anunciando tragedias; creciste a mi lado, bebiste mis cielos cuando en la montaña de ensueños forjados escuché latir tu corazón emocionado.

Así te recuerdo, como luna en noches de insomnio; como un sol radiante en bruma de hastío y aunque siento frío al notar tu ausencia, tu tibio recuerdo reconforta mi alma.

Tu voz siempre firme, tu rostro como un sol de primavera, tus manos como alas de viento buscando nuevos cielos donde enseñarme a volar; tus pasos dejando una huella eterna en mares profundos, en ríos convulsos, en vientos hirientes, en fríos desiertos.

Jamás te llevaré flores de olvido al camposanto, porque vives en mi alma que es tu santuario; no te lloraré como lluvia arrepentida, porque te siento vivo latiendo en mi ser.

Considero conveniente compartirles algunos fulgores de luz que nacen de un gran hombre, el PADRE, el que nada pide porque todo lo da, el que no reclama porque todo lo ama, ese sol pleno que radiante nos acompaña cuando de pronto se nubla el cielo en nuestra vida, y entibia nuestra soledad cuando ya se ha ido tomado de la mano por la clara noche que conduce a la eternidad.

Si Dios te permite hoy disfrutar la presencia de tu PADRE, procura retener en tu vida la magia de su mirada, porque después... cuando ya tan sólo sea la fotografía de una imagen venerada, sentirás la ansiedad que provoca imaginarse un libro cerrado, con páginas en blanco, donde no pudimos escribir líneas de amor y cercanía con él.

Es verdad, si ya eres un hombre o mujer con tus propios hijos, ahora más que nunca debes consultar ese libro de sabiduría que es tu PADRE, donde encontrarás la respuesta viva en su sonrisa franca, porque después, ya tan sólo encontrarás el silencio hiriente de una tumba fría. Si tu PADRE ya es un anciano, compréndelo, apóyalo, ámalo profundamente; porque en el último atardecer de su vida, EL, en su natural metamorfosis, vuelve a ser crisálida de niño que reclama tu atención y cariño, esperando tan sólo subirse a la barca que conduce a la eternidad.

Tu PADRE es un evangelio donde se transfiguran verdades, donde al perder su fuerza física, el DIVINO CREADOR lo compensa con sabiduría, que quiere compartir con cada uno de sus hijos.

Si como hijo aún eres joven, róbale arenas al reloj del tiempo para compartir tu vida, tus éxitos y fracasos con ese hombre que fusionó su amor de PADRE con la MADRE, para ofrecerte un punto de partida.

Pero..., si ese hombre que fue tu PADRE, el que diariamente te prendía su luz de faro para alumbrar tu vida, se ha ido, no bañes su recuerdo con lágrimas arrepentidas, mejor conviértete en el nuevo FAROLERO que haga fulgurar en días de tormenta y noches de soledad en tus hijos, esa luz que se llama: AMOR, TERNURA Y COMPRENSIÓN.