Apunto al lugar mas duro del muro que me rodea, no trato de esquivarlo. Lo golpeo de frente, con toda la pasión que me enciende y me mantiene vivo. Sabiendo que no va a caerse, sabiendo que voy a sangrar, y con los puños rojos y el alma herida le grito. “A cada golpe que te doy, te aprendo, y cuando finalmente haya alcanzado la sabiduría, no va a hacer falta golpearte para vencerte”