martes, 30 de septiembre de 2014


Aprendi que la felicidad tiene mucho que ver con la aceptación y la infelicidad con la distancia entre las expectativas y el camino que toma la vida.

Aprendí que la vida nunca responde a todos nuestros deseos ni se ajusta a corresponderse con nuestros méritos.

Por eso es preciso aceptar que pasó lo que pasó y soltar lo viejo.

La felicidad tiene que ver con admitir sin excepciones que no podemos cambiar el pasado, aunque ciertamente podemos cambiar la forma en la que interpretamos eso que pasó.

Aprendí que un ingredientes esencial de la búsqueda consciente o inconsciente de mi propia infelicidad era mi mania de actuar como si pudiera determinar lo que habria de suceder, en lugar de aceptar los impredecibles cambios de la vida.

Oscilaba entre el trabajo que me tomada por hacer que todo saliera como yo queria y la energia que gastaba tratando de determinar con precisión en qué había fallado para qué pasará lo que pasó. Lo hacía sin darme cuenta de que cuando luchamos contra lo que es, por ser como es, interrumpimos el libre fluir de los acontecimientos y evitamos que la situación pueda evolucionar hacia mejor.




(Del libro  "Seguir sin ti")