viernes, 10 de diciembre de 2010

Siempre caminando por la delgada linea que separa mi realidad de la ajena. Haciendo equilibrio para no caer en el abismo que me rodea. En la ausencia de individualidad, de pensamientos propios, de sueños por cumplir que no sean los impuestos. La casa, el auto, el perro, la mujer que espera sonriente, el trabajo, el traje y los niños corriendo por el jardin, las vacaciones en la playa.

Siento por momentos que perdi el rumbo, que no encuentro mis huellas.

Somos huellas en la arena, flores de primavera, y no nos damos cuenta. El tiempo pasa, y no quedara nada de nosotros. Solo algun recuerdo que se ira desdibujando con el tiempo, alguna foto que se ira perdiendo, olvidando, desgastando.
Sabemos realmente lo pasajeros que somos? Lo misera y momentanea de nuestra existencia?
Pasamos por la vida, sin siquiera intentar modificar este hecho. Y llegamos al momento de la despedida, con el temor a la muerte en las venas. Ese temor que nace de saber, que los años se pasaron, que las arrugas invadieron nuestro cuerpo, que fueron tantos los amaneceres solitarios, tantas las noches de llanto, tantos, pero tantos los besos no dados, las palabras no dichas, las cosas que no hicimos por temor. El temor a la muerte nace de saber que no aprovechamos la vida. La vida que es un puñado de arena en la mano, que se escapa por mas que intentemos evitarlo.
No deberiamos preocuparnos por evitar que la vida se nos escape, sino por saber que cada dia cuenta, que las palabras que hoy nos callamos, suman peso a la cruz que cargamos, y que sin lugar a dudas, nos pesaran cuando debamos cruzar con la parca en nuestro ultimo viaje a lo desconocido.
Deberiamos esperar a perder lo que queremos para darnos cuenta de lo que realmente valia? De que nos sirve darle el valor cuando ya no esta?
Cual es la raiz de mi angustia en este momento. Cual es el motivo de ese hueco que siento dentro, de ese hambre de libertad? Del sentimiento asfixiante de pertenecer?