Puedo despedirme del sol
De las lunas solitarias
De las mañanas
De este corazón desecho
Puedo despedirme de los ojos
Que ojerosos me reflejan el espejo
De las angustias
De los olvidos
Puedo despedirme de las ganas
De los dolores del alma
De los recuerdos
De las poesías inacabadas
Inclusive puedo despedirme
Del café y el cigarrillo
De los versos nunca escritos
De los domingos
Pero no quiero despedirme
De los sabados a las cinco de la tarde
De sentirte cercana
De abrazarte hasta quedarme sin fuerzas
Pero no quiero despedirme
De enredarme entre tus piernas
De perderme y encontrarte
De tenerte para siempre