lunes, 6 de diciembre de 2010

Puedo despedirme del sol
De las lunas solitarias
De las mañanas
De este corazón desecho

Puedo despedirme de los ojos
Que ojerosos me reflejan el espejo
De las angustias
De los olvidos

Puedo despedirme de las ganas
De los dolores del alma
De los recuerdos
De las poesías inacabadas

Inclusive puedo despedirme
Del café y el cigarrillo
De los versos nunca escritos
De los domingos

Pero no quiero despedirme
De los sabados a las cinco de la tarde
De sentirte cercana
De abrazarte hasta quedarme sin fuerzas

Pero no quiero despedirme
De enredarme entre tus piernas
De perderme y encontrarte
De tenerte para siempre