Aferro las palabras
Porque son espadas
Que asesinan mis miradas.
Ellas son las lágrimas
Que nunca liberé.
Aferro aun más las miradas
Que destruyen las fachadas
Y dejan al descubierto
Un sin fin de realidades
Que no siempre deseo ver.
Libero aire, de a poco
Para seguir caminando.
Respiro despacio
Para no despertarlas.
Las miradas y palabras
Son las balas que te apuntan
Y mis manos…
Si, mis manos son las armas.